2017 más muertes que nacimientos. ¿Hacia dónde van las pensiones?

La reforma de las pensiones está en el punto de mira desde hace años, pero desde que comenzara la crisis, parece que es más urgente, si cabe, su renovación. El origen de este sistema allá por los años 60 se ha quedado obsoleto y la evolución social, poblacional y económica de España hace pensar en la necesidad de cambiar algunas magnitudes.

El problema de la pirámide poblacional tiene cada vez mayor calado, máxime ahora que hemos conocido que España tendrá en 2017 más muertes que nacimientos. Cada vez más, la base de la pirámide poblacional es más longeva. Vivimos más años, con mejor calidad de vida y eso implica un mayor gasto en pensiones. Existe el concepto erróneo de que cada trabajador paga hoy a la seguridad social para tener el día de mañana su pensión, pero esa hucha no existe. Hoy día estamos pagando las pensiones de nuestros mayores, no estamos guardando el dinero para cuando seamos veteranos. La situación, según apuntan los datos, no va a mejorar. Cada vez se tienen menos hijos y por lo tanto cada vez hay menos población potencial para pagar en el futuro esas pensiones.

En los últimos años España se ha visto en cierto modo aliviada por la llegada de inmigrantes, sí, esos que algunos tanto han criticado porque “venían a robarnos el trabajo”. Seamos honestos, en la década pasada han cogido los trabajos que ningún español quería porque en el país del ladrillo todo era bonanza y no hacía falta formación para subirse al carro de las suculentas ganancias vinculadas al sector inmobiliario. Ahora se les echa en cara el haber ejercido su derecho a tener una vida digna. Sí, hay inmigrantes que han venido a robar, al igual que hay vecinos nuestros que salen cada día a robar. El malaje no entiende de razas ni de países y la inmigración ordenada –que no criminalizada ni selectiva por criterios racistas- es una ventaja para el país que la recibe.

Sea como fuere, el índice de natalidad entre la población inmigrante es generalmente algo más elevada que en España por lo que parecía que la balanza se equilibraba. Pero la crisis está provocando la vuelta a sus países de muchos extranjeros que han visto cómo España les quitaba lo poco que les había dado. El desempleo afecta a españoles y a extranjeros y las perspectivas por lo tanto son preocupantes, dentro de cuatro años en nuestro país morirán más personas de las que nazcan y se acelerará el proceso de envejecimiento poblacional. Este hecho unido a un sistema de pensiones obsoleto hace que el futuro en el largo plazo para quienes lleguen a la jubilación no sea muy halagüeño.

Es necesario enfrentarse a este problema con visión real de futuro, con seriedad y sin intereses partidistas. El Pacto de Toledo fue el ejemplo de que cuando quiere, la clase política es capaz de aunar esfuerzos y trabajar en una misma dirección. Ahora es el momento de volver a hacerlo, antes de que los números y las estadísticas se coman las pensiones de los trabajadores menores de cuarenta años. El país no funciona creando un sistema y echándose a dormir, la sociedad evoluciona o involuciona, pero en cualquier caso cambia y ése es el ritmo al que han de moverse las reformas. Si no, tocará echarse las manos a la cabeza cuando vayan a coger dinero de la hucha y esté vacía. Y por supuesto, ya sabemos a quién le tocará pagar los platos rotos: a la clase media, si es que aún existe.

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